De las campañas “heróicas” a las “tecnológicas” Un siglo del hombre en el continente helado

Todo empezó con Roald Amundsen. “Cuando llegó él era muy poco lo que se conocía de la Antártida”, sostiene Sergio Marenssi, doctor en Geología y director del Instituto Antártico Argentino. El explorador noruego fue el primer hombre en conquistar el polo Sur hace ya un siglo, el 14 de diciembre de 1811.

O casi todo empezó con él. Si bien la hazaña marcó un hito, nueve años antes el alférez José María Sobral ya se había convertido en el primer argentino en realizar una “hibernada” en el continente blanco, aunque lejos de alcanzar los confines del polo Sur. La experiencia de Sobral suscitó la férrea decisión del perito Francisco Moreno de impulsar las expediciones. Para mediados de los ’40 la Antártida se tornó una cuestión de Estado.

El director nacional del Antártico, Mariano Memolli, recuerda que “en esos años una comisión estableció los lineamientos de la política argentina en la región. Incluso se comenzó a tomar en cuenta el valor comercial de las riquezas de las islas subantárticas. Se contabilizan, por ejemplo, las ballenas que se pescaban”.

En la actualidad, el Instituto Antártico organiza campañas en las seis bases nacionales permanentes (Belgrano, San Martín, Marambio, Esperanza, Jubany y Orcadas), que pueden durar entre 25 días y cuatro meses. “Las que más se extienden son los censos de larga data, como los conteos de las poblaciones de pingüinos, focas y elefantes marinos. En invierno hay unos 220 expedicionarios y en verano llegan a los 800 si se contabiliza al personal de los barcos, lo que obliga a instalar refugios y bases temporarias”, explica Memolli.

• Los heróicos y los modernos

La brecha entre las gestas de aquella etapa “heroica” y las actuales se sigue acentuando. Amundsen basó su éxito en la innovación de utilizar perros esquimales (en esa época lo usual era llevar caballos), una minuciosa selección de alimentos y el perfecto dominio de los esquíes. “Hoy contamos con satélites, sistema de comunicaciones y una base asentada. La tecnología modificó mucho el panorama”, grafica Marenssi.

Lo que no cambió demasiado es el aspecto del desierto blanco y casi desolado. “En cuanto a lo geográfico no es el mismo mundo, pero tampoco es tan distinto. Para la naturaleza cien años es poco tiempo”, asevera Marenssi. “Se produjeron derretimientos, pero sigue teniendo 95% de su superficie cubierta de hielo, con un espesor promedio de cuatro mil metros de profundidad. Las especies que la habitan son las mismas. En su esencia es igual”, agrega.

Lo describe como “el continente, más desconocido, sólo comparable en ese sentido a las profundidades de los océanos. Tiene una superficie de 14 millones de kilómetros cuadrados, casi como Sudamérica”.

El geólogo trabaja en la Antártida hace 25 años, tiempo suficiente para advertir una de las mayores amenazas: el Cambio Climático. “Si se produce un mayor aumento de temperatura y el consecuente derretimiento de los hielos, habrá mayor volumen de agua en los océanos y un cambio en las corrientes. Uno de las evidencias más impresionantes es la destrucción de barreras de hielo del tamaño de la provincia de Buenos Aires”.

Segundos después arroja uno de los interrogantes que desvela a los científicos por estos días: qué porcentaje de incidencia tiene la acción del hombre en el fenómeno.

“En la actualidad se ve un cambio muy acelerado, muy pronunciado y en poco tiempo, en el que el hombre hace su parte con la quema de combustibles fósiles, emisiones de carbono y metano”, admite, aunque menciona nuevos indicios que señalan que las mutaciones climáticas guardan relación con ciertos parámetros de la órbita de la Tierra. Estos ciclos tendrían duraciones de 20, 40 y 100 mil años. “Yo sería cauto. Aunque hay fuertes evidencias de que las emisiones humanas tienen impacto, también podría tratarse de una fase natural”, concluye.

La mayor parte de los estudios que se efectúan tienen que ver con el Cambio Climático, pero existen otras amenazas para el ecosistema antártico. Memolli asegura que “se perciben importantes cambios en las especies producto de la pesca indiscriminada. La merluza negra no se murió por los cambios de temperatura, ya que las especies desarrollan adaptaciones, sino porque la pescaron”.

• Saldo favorable

Estudios recientes demostraron que hace 35 millones de años el continente helado fue verde. Existieron plantas y bosques subtropicales y poseía una fauna similar a la de la Patagonia actual, con pequeñas comadrejas y guanacos.

Pero hoy la realidad es bien distinta, y allí sí el paralelo con los tiempos de Amundsen es bastante cercano. Un sitio en donde la sensación térmica suele rozar los -40°, en el que todo requiere grandes esfuerzos y que expone a expedicionarios y científicos a largos períodos de soledad, alejados de sus familias y de las rutinas del común de las personas.

Sin embargo, los balances de ambos científicos presentan saldo a favor. Marenssi se entusiasma con “la cantidad de cosas trascendentes que hay por hacer. Lo que ocurra allí impactará a todo el mundo”. Memolli asevera: “Yo empecé porque un día me enteré que necesitaban médicos para ir a la Antártida y fui. Jamás me arrepentí, y si tuviera que elegirlo de nuevo, lo volvería a hacer”.